Houston, tenemos una incidencia

La tarta del emergente negocio espacial se reparte entre unas pocas compañías, y cada una de ellas parece querer competir por hacerse con el liderazgo en un campo concreto.

Los peligros del 'fracking'

El 'fracking' o fracturación hidráulica es una polémica técnica de extracción de gas que está haciendo furor entre las petroleras de medio mundo.

Queremos saber más, necesitamos saber más

Conocer el planeta y nuestra relación con él es una aventura y una necesidad. Vaya aquí nuestro pequeño granito de arena a esta apasionante empresa.

Los nuevos tesoros submarinos

Los nódulos de manganeso, los hidratos de metano y las fuentes hidrotermales serán algunos de los grandes protagonistas de los próximos años.

Cuerpo a tierra, periodismo de investigación

Información y análisis de los grandes retos científicos y tecnológicos a los que se enfrenta la humanidad. El periodismo como herramienta, la transparencia como exigencia y el debate público como objetivo.

jueves, 29 de agosto de 2013

El fracking provocó la muerte masiva de peces en Kentucky



Un vertido de fluidos provocado por un accidente en un pozo de gas en el que se empleaba la fractura hidráulica fue el responsable de la muerte masiva de peces en un arroyo de Kentucky (Estados Unidos).

El vertido, que tuvo lugar en 2007, provocó la acidificación del agua e incrementó los niveles de metales como el hierro y aluminio, según los resultados de un estudio publicado en la revista Southeastern Naturalist y en el que han participado investigadores del Servicio Geológico (USGS) y del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos.

Una de las especies más afectadas fue Phoxinus cumberlandensis, un pequeño pez de la familia de las carpas endémico de Kentucky, Tennessee y Virginia. La especie se encuentra incluida desde 1987 en la lista federal de especies amenazadas.

El vertido también provocó la muerte o daños en ejemplares de otras dos especies: Lepomis cyanellus, un centrárquido, y Semotilus atromaculatus, otro pequeño pez de la familia de los ciprínidos

Según Tony Velasco, ecólogo coautor del estudio, los resultados del estudio son un ejemplo de "cómo las criaturas más pequeñas pueden actuar a modo de canario en una mina de carbón".


lunes, 1 de julio de 2013

‘El libro del tiempo’, o de cómo el primo de Rajoy tenía razón


La meteorología está de moda. Siempre lo ha estado, es cierto. Pero en los últimos años son cada vez más las personas que se interesan por lo que pasa encima de nuestras cabezas con un interés científico, más allá del simple pragmatismo por conocer si lloverá o no durante la excursión del domingo. 

La climatología, sin duda, ha sido menos popular que su disciplina hermana, pero ha conseguido introducirse en la agenda informativa diaria debido a la creciente preocupación en torno al cambio climático y sus previsibles consecuencias.

El físico Manuel Toharia ha publicado recientemente ‘El libro del tiempo’ (Critica), un trabajo destinado a dar a conocer estas dos disciplinas científicas y ha defender su escepticismo sobre las consecuencias del calentamiento global.

Toharia ha hecho un gran esfuerzo por explicar de forma amena la historia de la meteorología. A este propósito dedica la primera parte del libro. El conocido divulgador repasa en primer lugar el saber meteorológico en su etapa precientífica, desde el momento en el que ser humano dio sus primeros pasos en el ámbito del conocimiento y llegando a las creencias populares que han pervivido hasta nuestros días. A continuación aborda la historia de la meteorología como disciplina científica con mayúsculas, señalando los hitos que han hecho posible que en la actualidad podamos conocer en gran detalle los procesos que a diario tienen lugar en la atmósfera y que podamos de esa forma predecir su probable desarrollo con varios días de antelación.

La obra repasa además todas las formas imaginables de meteoros. El profano podrá conocer así una gran variedad de fenómenos como el polvo de diamante, el hielo granulado, o el graupel, una especie de granito de hielo que guarda un fino copo de nieve en su interior. O quizás a raíz de la lectura de este libro podrá presumir de saber diferenciar una ventisca de una cellisca y de una cencellada. 

Inventario de dudas

El físico y actual director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia (España) aborda en la segunda parte de la obra la ciencia climatológica y en especial el cambio climático. Y es aquí donde saca su particular artillería. Ya lo hizo lo hizo hace siete años en ‘El clima’ (Debate), donde mostraba sus dudas respecto al consenso científico sobre la existencia de un cambio climático provocado por la acción humana. Ahora reitera y de alguna forma amplía sus argumentos sobre el calentamiento global antropogénico.

Toharia argumenta por activa y por pasiva que es imposible hacer predicciones climáticas a largo plazo, recurriendo constantemente a la teoría del caos y exponiendo todas y cada una de las grietas que puede tener la ciencia que estudia el cambio climático. Grietas literales, como las que busca en las muestras de los testigos de hielo que utilizan los paleoclimatólogos para estudiar las burbujas de aire atrapadas bajo los hielos de Groenlandia.

Los datos de los que se parte, según Toharia, tienen una calidad dudosa, las ecuaciones matemáticas empleadas son insuficientes y el comportamiento caótico de la atmósfera está fuera de nuestra actual capacidad de predicción. 

Toharia coge de aquí y de allá diferentes estudios que ponen en duda las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), en un intento de hacer que la casa se desmorone quitando algunos ladrillos.

El autor se afana en intentar poner en evidencia, por todos los medios posibles, que la climatología es una ciencia imperfecta y que las predicciones son imposibles. Reconoce que “hay mucha ciencia detrás” de los informes del IPCC, pero que los modelos de predicción se toman como “oráculos casi infalibles”.

Pocos se libran del reparto de leña del científico español. Científicos, ciudadanos y periodistas (que “se limitan a repetir como loros lo que los expertos dicen”) son criticados por crédulos y por tener poco espíritu crítico al respecto. Hasta famoso “primo de Rajoy”, aquél que el presidente del gobierno de España citó en 2007 para restar importancia al cambio climático (“He traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que hará mañana en Sevilla. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”), salen a la palestra en la argumentación de Toharia.

Los más sensibilizados con el planeta encontrarán poco digerible esta segunda parte del libro, especialmente cuando sale a relucir la manida argumentación de que más valdría preocuparse por el hambre en el mundo. Quienes creen que en bastantes ocasiones se trivializa el problema, atribuyendo al cambio climático fenómenos naturales que siempre han existido y existirán, encontrarán válidas algunas de las tesis defendidas con sentido común por Manuel Toharia. Y todos aquellos que quieran conocer las argumentaciones de los escépticos del cambio climático harán bien en hacerse con esta obra, cuyos méritos superan sin duda el rencor que a veces rezuman algunos párrafos redactados en un tono poco afortunado.

sábado, 8 de junio de 2013

Tornados, un cóctel meteorológico de alto riesgo

Cuando dos masas de aire que se encuentran a una presión muy desigual chocan, las cosas pueden comenzar a complicarse para quienes se encuentran en su cercanía.

Si la diferencia de presiones es la suficiente, la recién formada tormenta puede generar una columna giratoria de viento que se extiende hasta tocar tierra. En esos momentos se desencadena uno de los fenómenos más violentos de la naturaleza. Una columna de aire capaz de llevarse por delante todo lo que encuentre a su paso. Un tornado.

Se trata de un riesgo al que se enfrentan especialmente quienes habitan en Estados Unidos, sobre todo en las grandes planicies que se extienden entre las montañas Rocosas y los Apalaches. Pese a que los tornados pueden producirse en cualquier otra parte del mundo, con la única excepción de la Antártida, estos violentos fenómenos son especialmente frecuentes en esa zona. Allí factores geográficos y meteorológicos se conjugan a menudo en un cóctel de alto riesgo.

Cuando estas extensas planicies se calientan, el aire asciende dejando un vacío que es ocupado por el aire circundante. Como en cualquier otro lugar de la tierra, el espacio que deja esa masa de aire es ocupado por las masas de aire adyacentes. Pero aquí las masas de aire que ocupan el vacío son tan formidables que el resultado puede llegar a ser devastador. El aire húmedo y caliente del Golfo de México choca con las masas frías y secas que descienden desde las montañas rocosas. Cuando esas masas de aire gigantes y antagónicas entran en contacto se desencadena la tragedia.

Hace menos de siglo tuvo lugar el tornado más devastador del que se tiene constancia. El 18 de marzo de 1925 se produjo el llamado tornado de los tres estados. Fue un fenómeno meteorológico realmente extraordinario que estuvo en contacto con la superficie durante unos 249 kilómetros, arrasando a su paso unos 425 kilómetros cuadrados a lo largo de los estados de Missouri, Illinois e Indiana. Su velocidad media fue de unos 100 kilómetos a a hora, cuando la velocidad media habitual de la mayoría de los tornados suele situarse en torno a unos 50 kilómetros por hora.

Además, ese tornado inusual avanzó en línea recta, cuando lo habitual es que el tornado tenga una trayectoria curva. Eso dificultó la tarea de predecir su avance. Conforme se acercaba hacia ellos, muchas personas ni siquieran fueron conscientes de que aquello que se acercaba era uno de los tornados más devastadoresa los que jamás se había enmfrentado el ser humano. El frente, de un kilómetro de anchura, era tan enorme que muchos lo confundieron con una tormenta.

Fueron tres horas de auténtica pesadilla. El recuento de víctimas confirmó que el de 1925 fue el tornado más desastroso al que se había enfrentado nunca el ser humano: 695 fallecidos y más de 2000 heridos.

Los recientes tornados que han afectado al estado de Oklahoma, pese a su espectacularidad, no son, pues, algo extraño para sus habitantes. La moderna tecnología ha posibilitado contar con alertas y refigios, pero aún así lamentablemente el tiempo de respuesta del que se dispone es muy escaso. Como en todo lo que se refiere a los riesgos naturales, la investigación y la prevención son las únicas vías para minimizar al máximo los riesgos naturales. La NOAA tiene en marcha desde hace algunos años el proyecto Vortex para conocer mejor cómo se generan estos catastróficos eventos. Del trabajo de estos profesionales dependerá en buena medida el futuro de muchos seres humanos.

Imagen: Proyecto Vortex2- NOAA/NSF

lunes, 3 de junio de 2013

El aumento del nivel del mar acabará con las marismas de San Francisco

Un reciente estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) ha alertado sobre la desaparición de la mayor parte de las marismas de la bahía de San Francisco en el año 2100. 

Los investigadores, liderados por la geógrafa Karen Thorne, han estudiado doce marismas de la zona mediante una simulación informática. La conclusión es clara: contemplando un escenario de subida de nivel del mar de cuatro pies (1,2 metros), el 95% de las marismas estudiadas desaparecerá en el año 2100. 

Para elaborar esta predición los miembros del USGS han utilizado sensores RTK GPS, una variante avanzada del popular sistema de posicionamiento por satélite que les ha permitido medir la elevación del terreno con una resolución de 2 centímetros. 

La pérdida de estas marismas no solo supone un daño irreparable para la biodiversidad, sino que además puede tener nefastas consecuencias para los habitantes de la zona, al desaparecer el efecto amortiguador que las marismas ejercen frente a mareas extremas e inundaciones.

Una estimación difícil


Tras el incremento global de la temperatura del planeta, el aumento del nivel del mar es una de las consecuencias más conocidas del cambio climático. El ascensó de la temperatura provoca que la misma cantidad de agua ocupe un volumen mayor. A su vez, el deshielo de los glaciares y los casquetes polares ayuda a aumentar de forma muy significativa el nivel de las aguas oceánicas.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) estima en su Cuarto Informe que para 2100 el nivel del mar podría incrementarse entre 18 y 59 centímetros en función de distintos escenarios de aumento de las temperaturas. Sin embargo, estas previsiones han sido criticadas por con contemplar la aportación del deshielo de Groenlandia y la Antártida. 

Estas previsiones críticas estiman un aumento mucho mayor que el contemplado en el Cuarto Informe del IPCC, y calculan un incremento del nivel de las aguas de entre 40 y 200 centímetros durante este siglo XXI.

Imagen: Bahía de San Francisco. Autor: Juanma Gallego

domingo, 2 de junio de 2013

Rayos gamma, la amenaza latente

Es una de las catástrofes más espectaculares a las que puede llegar a enfrentarse el género humano. El gran problema es que no hay forma de predecirla. Puede ocurrir en cualquier momento. Minutos después de que leas estas líneas o, tal vez, dentro de un millón de años. 

Todo comienza cuando una estrella supermasiva agoniza y colapsa para convertirse en un agujero negro. La estrella lanza en ese momento dos breves pero intensísimas oleadas de rayos gamma, una desde cada polo del astro moribundo. Si la explosión se produjese cerca de nuestro planeta, a menos de entre 3.000 o 6.000 años luz, los rayos gamma provocarían serias lesiones a la atmósfera que nos protege. El ozono se disolvería con facilidad y el oxígeno y el nitrógeno de nuestra atmósfera reaccionarían para convertirse en óxido de nitrógeno, un gas altamente tóxico y de efecto invernadero. La vida no aguantaría demasiado tiempo sin la valiosa protección del ozono.

Sabemos que algo muy parecido estuvo a punto de ocurrir hace unos 12 siglos. Pero nadie se dio cuenta. Hasta ahora. Y es que recientemente dos astrónomos alemanes creen haber detectado el rastro de una explosión de rayos gamma que afectó a nuestro planeta durante la Edad Media. Por fortuna, el punto de origen de la explosión debió encontrarse demasiado lejos como para provocar daños en nuestra biosfera.

Un mensaje escondido en los árboles


Todo comenzó en 2012, cuando investigadores japoneses dieron a conocer que habían encontrado altos niveles de isótopos de Carbono-14 y Berilio-10 en los anillos de unos cedros correspondientes a los años 774/775 de nuestra Era. La abundancia de esos isótopos solo podía deberse a una aumento repentino de la radiación cósmica.

Algo así debía corresponderse a un fenómeno extraordinario como la explosión de una supernova, un fenómeno sin duda espectacular pero que no ocasiona una oleada de rayos gamma. Sin embargo, tampoco nadie ha encontrado hasta el momento registro histórico que hiciera referencia a esa explosión. Y es que un fenómenos astronómico de esas características tiene que dejar un rastro visible en los cielos. Pero ningún registro de la época hizo mención a nada similar. La referencia más cercana en el tiempo se encuentra en una crónica anglosajona que cita un "crucifijo rojo" que fue observado en el cielo tras la puesta de sol. 

Según los astrónomos Valeri Hambaryan y Ralph Neuhaeuser, de la universidad alemana de Jena, la mención a ese crucifijo no se corresponde con el evento que dejó huella en los cedros de Japón. “Esa crónica existe en varias copias a mano y dependiendo de la versión la fecha para el crucifijo rojo es 773, 774 o 776”, nos explica el profesor Neuhaeuser desde Alemania. “El texto de la Universidad de Yale ofrece solo una versión. Dado que se menciona en el mismo año que la batalla de Otford, fechada en 776, el evento tuvo que suceder en ese año”, aclara Neuhaeuser. El astrónomo alemán descarta además que una supernova pueda ver vista con la forma de una cruz. 

Los investigadores apuestan en su estudio  por una explosión de rayos gamma originada por la colisión de dos estrellas de neutrones o, tal vez, de dos enanas blancas. Este tipo de colisión generaría una emisión gamma intensa pero corta, de menos de dos segundos. Dado que esa supuesta ola de radiación del siglo VIII no ocasionó daños en nuestro planeta, los investigadores creen que la colisión se tuvo lugar necesariamente a más de 3.000 años luz.

Visiones celestes


No está claro si la hipótesis de los astrónomos alemanes es la explicación verdadera, pero hasta el momento es, sin duda, la que más parece acercarse a la verdad. Tanto Neuhaeuser como Hambaryan siguen trabajando en estos momentos para descartar que el incremento de la radiación pudiera estar originado por una erupción solar, otra de las hipótesis que se barajó en un primer momento.

Sin embargo, queda sin aclarar el origen del “crucifijo rojo” reflejado en el texto anglosajón del siglo VIII. La crónica no menciona ningún detalle, excepto que el fenómeno se produjo tras la puesta de sol, por lo que encontrar su origen no es fácil. El físico José Miguel Viñas, divulgador científico y responsable de la web www.divulgameteo.es, nos aclara que la génesis de esa visión pudo estar en la combinación de dos fenómenos ópticos atmosféricos que debido a la presencia de determinado tipo de cristales de hielo podrían darse de forma simultánea. “Ambos son fenómenos relativamente comunes de forma independiente. Uno de ellos es el pilar solar y el otro el círculo parhélico”, nos explica Viñas por correo electrónico. El color rojo del crucifijo estaría motivado por el hecho de que se observara durante el crepúsculo. 

El conocido divulgador recuerda la importancia histórica que tuvo un fenómeno de similares características: la famosa visión celeste del emperador Constantino durante la batalla del Puente Milvio. “Según cuentan las crónicas históricas, dicha visión fue un sueño que tuvo dicho emperador, gracias al cual se inició la conversión al Cristianismo en el Imperio Romano”, explica Viñas.

Imagen: Recreación artística de una explosión de rayos gamma. NASA/Swift/Aurore Simonnet




jueves, 23 de mayo de 2013

Lozano Leyva: 'Las subvenciones basadas en la incompetencia o el oportunismo político acaban pasando factura'

Manuel Lozano Leyva. Imagen: megustaleer.com
Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla, es sin duda uno de los grandes de la divulgación científica en lengua española. Firme defensor de la utilización de la energía nuclear, su último libro, 'El gran Mónico' (Debate), recupera la vida y obra de Mónico Sánchez, un ingeniero autodidacta nacido en Ciudad Real (España) y que a principios del siglo XX patentó en Nueva York un sistema “portátil” de rayos X. El invento del hasta ahora desconocido manchego ayudó a salvar muchas vidas durante la Primera Guerra Mundial. La obra, que pretende ser un revulsivo para los miles de jóvenes que atisban sobre sus cabezas los oscuros nubarrones de la crisis económica, nos traslada a una época fascinante en la que Mónico Sánchez fue testigo de excepción de la formidable batalla campal que protagonizaron Edison y Nikola Tesla por imponer sus modelos de distribución de corriente eléctrica. Manuel Lozano nos explica a continuación algunos puntos claves en torno a esta obra.

La existencia de Mónico Sánchez fue un descubrimiento inesperado para Vd. ¿Quedan aún muchos Mónicos por desenterrar?


Fue por pura casualidad y hay muchos Mónicos por desterrar. Por ejemplo, en el libro menciono a otro inventor genial, el gallego Ramón Verea de quijotesco e infausto destino. El museo de IBM guarda una de las dos máquinas de calcular que construyó. La otra está en la oficina de patentes de Nueva York.

El manchego vivió en primera fila una época apasionante en la que la electricidad comenzaba a desplazar al carbón como fuente energética ¿Cuál es la próxima revolución energética pendiente? ¿La fusión? ¿El hidrógeno?


Esta época mucho más apasionante que la de principios del siglo XX por muchas razones, entre las que destacan democracia global y unas ciencia y tecnología muy desarrolladas. La revolución energética pendiente es la eliminación paulatina de la dependencia del carbón, el gas y el petróleo sustituidos por la energía nuclear de fisión de nueva generación y la fusión nuclear respaldando ambas a todas las fuentes renovables que sean razonables y viables.

No me diga que los jóvenes investigadores españoles tienen que hacer mundo para ganarse el pan...


Es imprescindible que los jóvenes investigadores terminen su formación, especialmente la postdoctoral, en centros de investigación de excelencia fuera de sus países de origen. En muchos centros españoles se estaban acogiendo a infinidad de jóvenes investigadores extranjeros. Hasta ahí es lo normal y deseable. El problema actual, que tiene poco que ver con lo anterior, es la emigración pura y dura. Ya no se van nuestros jóvenes investigadores a formarse sino a buscarse la vida, como hizo Mónico Sánchez Moreno.

Aún siendo un ejemplo de ingenio y superación, a Mónico Sánchez le faltó una base matemática y física y al final de sus días no supo rodearse de colaboradores cualificados...


Exacto. Él no supo hacer como Edison en su época y Steve Jobs o Bill Gates en las actuales, que lo primero que en cuanto empezaron a triunfar se rodearon de los mejores científicos e ingenieros de su entorno o de donde fuera.

El libro relata también cómo a comienzos del siglo XX hubo una verdadera burbuja relacionada con el desarrollo de una telefonía sin hilos. ¿Hay alguna ley física que explique por qué surgen burbujas sin parar?


No es una ley física, sino de algunas facetas de la condición humana, en particular la ambición unida a la falta de escrúpulos.

Cuando comenzaron a utilizarse los rayos X para hacer diagnósticos médicos se produjo una trifulca "a causa del sempiterno reaccionarismo que surge ante todo avance, normalmente arropado por el catastrofismo, apocalipsis y la manipulación del miedo". ¿Insinúa que hay tecnofobia en nuestros días? 


El reaccionarismo es lo que está en la base de la tecnofobia y es tan antiguo como la humanidad. Lo que cambian son las formas que adquiere. Hoy el catastrofismo, el alarmismo, la desinformación supeditada a la ideología etc., tiene formas, solo formas nuevas e inéditas.

Además del bueno de Mónico, en el libro se retratan "grandes cantamañanas" como José de Letamendi...


Claro que hay cantamañanas con poder e influencia. Como siempre, lo que pasa es que al ser el espectro político e ideológico hoy más amplio que en época de Mónico Sánchez, se los encuentra uno en todas partes por insospechadas que sean. 

A falta de electricidad para montar su taller de aparatos de rayos X, Mónico se montó una central eléctrica en su pueblo. Eso sí que es apego a la tierra... 


Pues sí. En Madrid o Barcelona hubiera sido mucho mejor para él y quizá para el país, pero prefirió su pueblo, vaya usted a saber por qué, sobre todo viniendo de la cosmopolita Nueva York. O quizá por eso.

Vd. es partidario de limitar la cultura de las subvenciones estatales. Explíqueme eso sin caer en el liberalismo.


Mi investigación científica siempre ha estado subvencionada por el estado, como debe y suele ser en todos los países del mundo porque siempre ha sido investigación básica o fundamental no necesariamente aplicada. Pero si las subvenciones no se hacen con rigor sino en base a la incompetencia o el oportunismo político, se alcanza una “cultura” esterilizante y que termina pasando factura.

Pese a su juventud, tiene Vd las ideas claras y cierra el libro con un capítulo verdaderamente incendiario ¿Para cuándo el diputado Leyva?


Gracias por lo de la juventud pero tengo 63 años. Me habla usted de pasar del grupo mejor valorado por la sociedad, los científicos, al peor valorado, los políticos. Mucha tela. Además, creo que mis ideas son incómodas a todos los partidos, desde la derecha hasta el denominado ecopacifismo o algo así.

En este libro afirma que "está por hacer una buena historia de la ciencia y la tecnología en España". ¿Nos está amenazando con algo?


Algo, sí, estoy escribiendo un libro sobre la historia de la ciencia y las creencias, pero no solo referido a España.

Quedamos, pues, a la espera de esa nueva “amenaza” del genial autor sevillano.

domingo, 14 de abril de 2013

50 cosas que hay que saber sobre la Tierra

La editorial Ariel lleva ya un tiempo apostando por un formato de libro que va más allá del concepto tradicional de negro sobre blanco. La colección “50 ideas” de la editorial británica Quercus, adaptada al mundo hispanohablante por Ariel, es un buen ejemplo de esta novedosa forma de presentar y transmitir conocimiento. Elementos como gráficos, mapas, cronologías, glosarios, puntos destacados o citas de científicos de renombre, acompañados de un apoyo tipográfico atractivo, ayudan al lector interesado a introducirse o a profundizar en materias tan dispares como la música, el arte, la astronomía, la economía o el mundo digital.

El británico Martin Redfern, graduado en Geología y periodista científico de la BBC, ha sido el encargado de seleccionar y narrar las ideas más importantes que debemos conocer todos aquellos interesados en comprender los fenómenos que suceden en nuestro planeta. '50 cosas que hay que saber sobre la Tierra' (Ariel) abarca las diferentes disciplinas que se ocupan de estudiar la Tierra y que solemos englobar con el término genérico de geociencias: geología, geografía, meteorología, paleontología, oceanografía...

En el apartado ‘Orígenes’ seguimos el nacimiento de la Tierra y comprendemos por qué es tan diferente de sus vecinos planetarios más cercanos. En ‘Interior de la Tierra’ Redfern se ocupa de explicar de forma amena los fenómenos que suceden bajo la corteza terrestre. En ‘Sistemas de superficie” se presentan los temas relacionados con la geociencia que más fácilmente percibimos en nuestro día a día los pasajeros de este ‘pequeño punto azul pálido’, como fue definido nuestro mundo por el genial Carl Sagan: desde las rocas y el paisaje hasta los ciclos del agua y el carbono, prestando especial atención, cómo no, al problema del cambio climático. En ‘Planeta vivo” el punto de atención es la vida y sus múltiples ramificaciones. De la mirada al mañana se ocupa la última parte del libro, ‘Futuros de la Tierra’, en el que se acercan al lector algunos interesantes debates relacionados con la geoingeniería, los recursos energéticos y el cambio climático.

Se trata, en definitiva, de una invitación a conocer nuestro maravilloso mundo. Y es que, como destaca el propio Redfern, “somos afortunados si podemos tomarnos el tiempo para admirar su belleza, contemplar su majestuosidad y mostrarnos agradecidos”.

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