Houston, tenemos una incidencia

La tarta del emergente negocio espacial se reparte entre unas pocas compañías, y cada una de ellas parece querer competir por hacerse con el liderazgo en un campo concreto.

Los peligros del 'fracking'

El 'fracking' o fracturación hidráulica es una polémica técnica de extracción de gas que está haciendo furor entre las petroleras de medio mundo.

Queremos saber más, necesitamos saber más

Conocer el planeta y nuestra relación con él es una aventura y una necesidad. Vaya aquí nuestro pequeño granito de arena a esta apasionante empresa.

Los nuevos tesoros submarinos

Los nódulos de manganeso, los hidratos de metano y las fuentes hidrotermales serán algunos de los grandes protagonistas de los próximos años.

Cuerpo a tierra, periodismo de investigación

Información y análisis de los grandes retos científicos y tecnológicos a los que se enfrenta la humanidad. El periodismo como herramienta, la transparencia como exigencia y el debate público como objetivo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El ‘consenso’ en torno al fracking, vinculado al lobby eléctrico

Oposición vecinal al fracking
Oposición vecinal al fracking. Imagen: Juanma Gallego
Cuando el 19 de diciembre de 2012 el ministro español de Industria José Manuel Soria defendió en el Congreso la extracción de gases no convencionales mediante la técnica del fracking, lo hizo apelando a que existía un “consenso generalizado en la comunidad científica” respecto a que esa técnica no conlleva más riesgos que otro tipo de tecnologías industriales.

El ministro no aclaró en qué informes se basaba para realizar esa afirmación, aunque apenas un mes más tarde el Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas firmaba un trabajo en el que respaldaba el uso del fracking y argumentaba que era “difícil comprender” que en España se paralizase “la actividad exploratoria”.

El informe “Gas convencional en España, una oportunidad de futuro” asegura que los resultados del mismo, favorables a la utilización del fracking, “reflejan el amplio consenso alcanzado por el Comité de Redacción, tras reflexivos debates técnicos, sin juicios ‘a priori’, inspirados por el rigor y el conocimiento”.

El equipo de redacción, coordinado por Ángel Cámara, Decano del Colegio de Ingenieros de Minas del Centro y por el catedrático de Hidrogeología Fernando Pendás, está compuesto por diez ingenieros de minas y un ingeniero industrial, entre los que destacan Juan Cruz Vicuña, de la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi, el ente público que estudia aplicar la fractura hidráulica en el territorio vasco, Isabel Tarín, de Urbaser (una filial de la constructora ACS), y dos ingenieros del propio ministerio de Industria.

El informe anima a agilizar “la tramitación administrativa de los permisos y licencias necesarios” y a “explorar fórmulas para reforzar el incentivo local de esta actividad”, todo ello “sin necesidad de gravar más a la industria”. Las líneas maestras del texto coinciden con la argumentación de Soria:
“En cualquier actividad humana, y particularmente en la actividad industrial, ya sea extractiva (petróleo, gas, minerales) o transformadora (química, alimentaria, etc.) los riesgos en la salud, la seguridad y el medio ambiente deben ser gestionados de manera eficiente a través de operaciones basadas en las mejores prácticas, la implementación de sistemas regulatorios, junto con la investigación continua en la optimización y la mejora de los procesos llevados a cabo”.

El ‘Club del Medio Ambiente’

El coordinador del informe, Ángel Cámara, pertenece al denominado “Club Español del Medio Ambiente”, un grupo que comparte sede social con el Colegio de Ingenieros de Minas del Centro y cuyo objetivo es “fomentar a escala nacional el conocimiento, divulgación y desarrollo de una cultura medio ambiental compatible con un progreso sostenido y una producción limpia”. Se trata de una entidad financiada, entre otros, por el lobby de las eléctricas españolas UNESA (Endesa, Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Eon España y EDP), por la térmica de carbón Elcogás y por la minera Atlantic Copper.

En octubre de 2013 Ángel Cámara defendió su postura favorable al fracking en el programa “A hombros de gigantes”, el conocido espacio de divulgación científica de Radio Nacional. El programa recogió los dos puntos de vista en torno a la controvertida técnica, pero dedicó 22 segundos a la intervención de dos representantes de asociaciones ecologistas y 15 minutos y 26 segundos a la argumentación de Cámara.
 
A hombros de gigantes-Fracking: una técnica polémica para la obtención de gas-21/10/2013 Escuchar audio
 
A hombros de gigantes-Fracking: una técnica polémica para la obtención de gas-21/10/2013

El decano de los ingenieros aseguró, entre otras cosas, que “el pozo queda perfectamente protegido”, de tal manera que “es prácticamente imposible” que pueda ocurrir una contaminación de los acuíferos.

Fracking en RNE
Tiempos dedicados a las posturas sobre el fracking en RNE. Imagen: Juanma Gallego
El lobby español del gas no convencional, Shale Gas España, utiliza la misma expresión (“prácticamente imposible”), apelando a un informe del Departamento de Protección de Medio Ambiente del Estado de Nueva York.

Controversia científica

Tanto Cámara como el lobby gasista ignoran o esconden deliberadamente otros informes, como el estudio llevado a cabo por  investigadores del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y que determinó que un vertido de fluidos de fracking provocó la muerte masiva de peces en un arroyo de Kentucky o el estudio publicado en la revista PNAS, que evidenció concentraciones de gases seis veces superiores en el agua que abastecía a los hogares cercanos a los pozos de extracción en Pensilvania.

Parece evidente que en el amplio mundo de la ciencia, especialmente en las disciplinas relacionadas con la materia, hay diversidad de opiniones. En febrero de 2013, por ejemplo, el Colegio Oficial de Geólogos adoptaba una posición salomónica y apelaba a “los principios de cautela y de acción preventiva” para evitar “cualquier tipo de afección a las personas, a los bienes y al medio ambiente”.

Fuera del ámbito de la colegiación, otros especialistas han mostrado su firme rechazo a la extracción de gas no convencional mediante fractura hidráulica. A comienzos de 2013, por ejemplo, unos cincuenta profesores universitarios firmaron un documento en el que mostraban su rechazo a la utilización de la fractura hidráulica para la extracción de gas en la provincia de Castellón. Uno de los principales impulsores de la iniciativa ha sido el Catedrático de Geología de la Universidad de Zaragoza José Luis Simón.

El “consenso científico” defendido por Soria parece por lo tanto reducido a algunos grupos corporativos dedicados a la explotación minera y a la propia industria interesada en los beneficios económicos que les reportaría la polémica técnica, coordinados en torno a grupos de presión como el mencionado Club Español del Medio Ambiente.

martes, 13 de mayo de 2014

¿Enterramos el dióxido de carbono en el subsuelo? (audio)

En tan sólo unos meses España comenzará a inyectar dióxido de carbono en el subsuelo, en una instalación experimental situada en la localidad burgalesa de Hontomín.

Se trata de una práctica polémica. Para algunos, ayudará a luchar contra el cambio climático. Otros creen que el proceso conlleva más inconvenientes que ventajas. Recogemos las aportaciones de Manuel Enrique Figueroa, catedrático de Ecología de la universidad de Sevilla; José Ramón Obeso, catedrático de biología en la Universidad de Oviedo, Isabel Suárez Díaz es Jefa de Servicio de Recursos Energéticos del Instituto Geológico y Minero de España y Raquel Montón, responsable de la campaña nuclear de Greenpeace.

Carbono enterrado (edición especial podcast)

jueves, 29 de agosto de 2013

El fracking provocó la muerte masiva de peces en Kentucky



Un vertido de fluidos provocado por un accidente en un pozo de gas en el que se empleaba la fractura hidráulica fue el responsable de la muerte masiva de peces en un arroyo de Kentucky (Estados Unidos).

El vertido, que tuvo lugar en 2007, provocó la acidificación del agua e incrementó los niveles de metales como el hierro y aluminio, según los resultados de un estudio publicado en la revista Southeastern Naturalist y en el que han participado investigadores del Servicio Geológico (USGS) y del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos.

Una de las especies más afectadas fue Phoxinus cumberlandensis, un pequeño pez de la familia de las carpas endémico de Kentucky, Tennessee y Virginia. La especie se encuentra incluida desde 1987 en la lista federal de especies amenazadas.

El vertido también provocó la muerte o daños en ejemplares de otras dos especies: Lepomis cyanellus, un centrárquido, y Semotilus atromaculatus, otro pequeño pez de la familia de los ciprínidos

Según Tony Velasco, ecólogo coautor del estudio, los resultados del estudio son un ejemplo de "cómo las criaturas más pequeñas pueden actuar a modo de canario en una mina de carbón".


lunes, 1 de julio de 2013

‘El libro del tiempo’, o de cómo el primo de Rajoy tenía razón


La meteorología está de moda. Siempre lo ha estado, es cierto. Pero en los últimos años son cada vez más las personas que se interesan por lo que pasa encima de nuestras cabezas con un interés científico, más allá del simple pragmatismo por conocer si lloverá o no durante la excursión del domingo. 

La climatología, sin duda, ha sido menos popular que su disciplina hermana, pero ha conseguido introducirse en la agenda informativa diaria debido a la creciente preocupación en torno al cambio climático y sus previsibles consecuencias.

El físico Manuel Toharia ha publicado recientemente ‘El libro del tiempo’ (Critica), un trabajo destinado a dar a conocer estas dos disciplinas científicas y ha defender su escepticismo sobre las consecuencias del calentamiento global.

Toharia ha hecho un gran esfuerzo por explicar de forma amena la historia de la meteorología. A este propósito dedica la primera parte del libro. El conocido divulgador repasa en primer lugar el saber meteorológico en su etapa precientífica, desde el momento en el que ser humano dio sus primeros pasos en el ámbito del conocimiento y llegando a las creencias populares que han pervivido hasta nuestros días. A continuación aborda la historia de la meteorología como disciplina científica con mayúsculas, señalando los hitos que han hecho posible que en la actualidad podamos conocer en gran detalle los procesos que a diario tienen lugar en la atmósfera y que podamos de esa forma predecir su probable desarrollo con varios días de antelación.

La obra repasa además todas las formas imaginables de meteoros. El profano podrá conocer así una gran variedad de fenómenos como el polvo de diamante, el hielo granulado, o el graupel, una especie de granito de hielo que guarda un fino copo de nieve en su interior. O quizás a raíz de la lectura de este libro podrá presumir de saber diferenciar una ventisca de una cellisca y de una cencellada. 

Inventario de dudas

El físico y actual director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia (España) aborda en la segunda parte de la obra la ciencia climatológica y en especial el cambio climático. Y es aquí donde saca su particular artillería. Ya lo hizo lo hizo hace siete años en ‘El clima’ (Debate), donde mostraba sus dudas respecto al consenso científico sobre la existencia de un cambio climático provocado por la acción humana. Ahora reitera y de alguna forma amplía sus argumentos sobre el calentamiento global antropogénico.

Toharia argumenta por activa y por pasiva que es imposible hacer predicciones climáticas a largo plazo, recurriendo constantemente a la teoría del caos y exponiendo todas y cada una de las grietas que puede tener la ciencia que estudia el cambio climático. Grietas literales, como las que busca en las muestras de los testigos de hielo que utilizan los paleoclimatólogos para estudiar las burbujas de aire atrapadas bajo los hielos de Groenlandia.

Los datos de los que se parte, según Toharia, tienen una calidad dudosa, las ecuaciones matemáticas empleadas son insuficientes y el comportamiento caótico de la atmósfera está fuera de nuestra actual capacidad de predicción. 

Toharia coge de aquí y de allá diferentes estudios que ponen en duda las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), en un intento de hacer que la casa se desmorone quitando algunos ladrillos.

El autor se afana en intentar poner en evidencia, por todos los medios posibles, que la climatología es una ciencia imperfecta y que las predicciones son imposibles. Reconoce que “hay mucha ciencia detrás” de los informes del IPCC, pero que los modelos de predicción se toman como “oráculos casi infalibles”.

Pocos se libran del reparto de leña del científico español. Científicos, ciudadanos y periodistas (que “se limitan a repetir como loros lo que los expertos dicen”) son criticados por crédulos y por tener poco espíritu crítico al respecto. Hasta famoso “primo de Rajoy”, aquél que el presidente del gobierno de España citó en 2007 para restar importancia al cambio climático (“He traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que hará mañana en Sevilla. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”), salen a la palestra en la argumentación de Toharia.

Los más sensibilizados con el planeta encontrarán poco digerible esta segunda parte del libro, especialmente cuando sale a relucir la manida argumentación de que más valdría preocuparse por el hambre en el mundo. Quienes creen que en bastantes ocasiones se trivializa el problema, atribuyendo al cambio climático fenómenos naturales que siempre han existido y existirán, encontrarán válidas algunas de las tesis defendidas con sentido común por Manuel Toharia. Y todos aquellos que quieran conocer las argumentaciones de los escépticos del cambio climático harán bien en hacerse con esta obra, cuyos méritos superan sin duda el rencor que a veces rezuman algunos párrafos redactados en un tono poco afortunado.

sábado, 8 de junio de 2013

Tornados, un cóctel meteorológico de alto riesgo

Cuando dos masas de aire que se encuentran a una presión muy desigual chocan, las cosas pueden comenzar a complicarse para quienes se encuentran en su cercanía.

Si la diferencia de presiones es la suficiente, la recién formada tormenta puede generar una columna giratoria de viento que se extiende hasta tocar tierra. En esos momentos se desencadena uno de los fenómenos más violentos de la naturaleza. Una columna de aire capaz de llevarse por delante todo lo que encuentre a su paso. Un tornado.

Se trata de un riesgo al que se enfrentan especialmente quienes habitan en Estados Unidos, sobre todo en las grandes planicies que se extienden entre las montañas Rocosas y los Apalaches. Pese a que los tornados pueden producirse en cualquier otra parte del mundo, con la única excepción de la Antártida, estos violentos fenómenos son especialmente frecuentes en esa zona. Allí factores geográficos y meteorológicos se conjugan a menudo en un cóctel de alto riesgo.

Cuando estas extensas planicies se calientan, el aire asciende dejando un vacío que es ocupado por el aire circundante. Como en cualquier otro lugar de la tierra, el espacio que deja esa masa de aire es ocupado por las masas de aire adyacentes. Pero aquí las masas de aire que ocupan el vacío son tan formidables que el resultado puede llegar a ser devastador. El aire húmedo y caliente del Golfo de México choca con las masas frías y secas que descienden desde las montañas rocosas. Cuando esas masas de aire gigantes y antagónicas entran en contacto se desencadena la tragedia.

Hace menos de siglo tuvo lugar el tornado más devastador del que se tiene constancia. El 18 de marzo de 1925 se produjo el llamado tornado de los tres estados. Fue un fenómeno meteorológico realmente extraordinario que estuvo en contacto con la superficie durante unos 249 kilómetros, arrasando a su paso unos 425 kilómetros cuadrados a lo largo de los estados de Missouri, Illinois e Indiana. Su velocidad media fue de unos 100 kilómetos a a hora, cuando la velocidad media habitual de la mayoría de los tornados suele situarse en torno a unos 50 kilómetros por hora.

Además, ese tornado inusual avanzó en línea recta, cuando lo habitual es que el tornado tenga una trayectoria curva. Eso dificultó la tarea de predecir su avance. Conforme se acercaba hacia ellos, muchas personas ni siquieran fueron conscientes de que aquello que se acercaba era uno de los tornados más devastadoresa los que jamás se había enmfrentado el ser humano. El frente, de un kilómetro de anchura, era tan enorme que muchos lo confundieron con una tormenta.

Fueron tres horas de auténtica pesadilla. El recuento de víctimas confirmó que el de 1925 fue el tornado más desastroso al que se había enfrentado nunca el ser humano: 695 fallecidos y más de 2000 heridos.

Los recientes tornados que han afectado al estado de Oklahoma, pese a su espectacularidad, no son, pues, algo extraño para sus habitantes. La moderna tecnología ha posibilitado contar con alertas y refigios, pero aún así lamentablemente el tiempo de respuesta del que se dispone es muy escaso. Como en todo lo que se refiere a los riesgos naturales, la investigación y la prevención son las únicas vías para minimizar al máximo los riesgos naturales. La NOAA tiene en marcha desde hace algunos años el proyecto Vortex para conocer mejor cómo se generan estos catastróficos eventos. Del trabajo de estos profesionales dependerá en buena medida el futuro de muchos seres humanos.

Imagen: Proyecto Vortex2- NOAA/NSF

lunes, 3 de junio de 2013

El aumento del nivel del mar acabará con las marismas de San Francisco

Un reciente estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) ha alertado sobre la desaparición de la mayor parte de las marismas de la bahía de San Francisco en el año 2100. 

Los investigadores, liderados por la geógrafa Karen Thorne, han estudiado doce marismas de la zona mediante una simulación informática. La conclusión es clara: contemplando un escenario de subida de nivel del mar de cuatro pies (1,2 metros), el 95% de las marismas estudiadas desaparecerá en el año 2100. 

Para elaborar esta predición los miembros del USGS han utilizado sensores RTK GPS, una variante avanzada del popular sistema de posicionamiento por satélite que les ha permitido medir la elevación del terreno con una resolución de 2 centímetros. 

La pérdida de estas marismas no solo supone un daño irreparable para la biodiversidad, sino que además puede tener nefastas consecuencias para los habitantes de la zona, al desaparecer el efecto amortiguador que las marismas ejercen frente a mareas extremas e inundaciones.

Una estimación difícil


Tras el incremento global de la temperatura del planeta, el aumento del nivel del mar es una de las consecuencias más conocidas del cambio climático. El ascensó de la temperatura provoca que la misma cantidad de agua ocupe un volumen mayor. A su vez, el deshielo de los glaciares y los casquetes polares ayuda a aumentar de forma muy significativa el nivel de las aguas oceánicas.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) estima en su Cuarto Informe que para 2100 el nivel del mar podría incrementarse entre 18 y 59 centímetros en función de distintos escenarios de aumento de las temperaturas. Sin embargo, estas previsiones han sido criticadas por con contemplar la aportación del deshielo de Groenlandia y la Antártida. 

Estas previsiones críticas estiman un aumento mucho mayor que el contemplado en el Cuarto Informe del IPCC, y calculan un incremento del nivel de las aguas de entre 40 y 200 centímetros durante este siglo XXI.

Imagen: Bahía de San Francisco. Autor: Juanma Gallego

domingo, 2 de junio de 2013

Rayos gamma, la amenaza latente

Es una de las catástrofes más espectaculares a las que puede llegar a enfrentarse el género humano. El gran problema es que no hay forma de predecirla. Puede ocurrir en cualquier momento. Minutos después de que leas estas líneas o, tal vez, dentro de un millón de años. 

Todo comienza cuando una estrella supermasiva agoniza y colapsa para convertirse en un agujero negro. La estrella lanza en ese momento dos breves pero intensísimas oleadas de rayos gamma, una desde cada polo del astro moribundo. Si la explosión se produjese cerca de nuestro planeta, a menos de entre 3.000 o 6.000 años luz, los rayos gamma provocarían serias lesiones a la atmósfera que nos protege. El ozono se disolvería con facilidad y el oxígeno y el nitrógeno de nuestra atmósfera reaccionarían para convertirse en óxido de nitrógeno, un gas altamente tóxico y de efecto invernadero. La vida no aguantaría demasiado tiempo sin la valiosa protección del ozono.

Sabemos que algo muy parecido estuvo a punto de ocurrir hace unos 12 siglos. Pero nadie se dio cuenta. Hasta ahora. Y es que recientemente dos astrónomos alemanes creen haber detectado el rastro de una explosión de rayos gamma que afectó a nuestro planeta durante la Edad Media. Por fortuna, el punto de origen de la explosión debió encontrarse demasiado lejos como para provocar daños en nuestra biosfera.

Un mensaje escondido en los árboles


Todo comenzó en 2012, cuando investigadores japoneses dieron a conocer que habían encontrado altos niveles de isótopos de Carbono-14 y Berilio-10 en los anillos de unos cedros correspondientes a los años 774/775 de nuestra Era. La abundancia de esos isótopos solo podía deberse a una aumento repentino de la radiación cósmica.

Algo así debía corresponderse a un fenómeno extraordinario como la explosión de una supernova, un fenómeno sin duda espectacular pero que no ocasiona una oleada de rayos gamma. Sin embargo, tampoco nadie ha encontrado hasta el momento registro histórico que hiciera referencia a esa explosión. Y es que un fenómenos astronómico de esas características tiene que dejar un rastro visible en los cielos. Pero ningún registro de la época hizo mención a nada similar. La referencia más cercana en el tiempo se encuentra en una crónica anglosajona que cita un "crucifijo rojo" que fue observado en el cielo tras la puesta de sol. 

Según los astrónomos Valeri Hambaryan y Ralph Neuhaeuser, de la universidad alemana de Jena, la mención a ese crucifijo no se corresponde con el evento que dejó huella en los cedros de Japón. “Esa crónica existe en varias copias a mano y dependiendo de la versión la fecha para el crucifijo rojo es 773, 774 o 776”, nos explica el profesor Neuhaeuser desde Alemania. “El texto de la Universidad de Yale ofrece solo una versión. Dado que se menciona en el mismo año que la batalla de Otford, fechada en 776, el evento tuvo que suceder en ese año”, aclara Neuhaeuser. El astrónomo alemán descarta además que una supernova pueda ver vista con la forma de una cruz. 

Los investigadores apuestan en su estudio  por una explosión de rayos gamma originada por la colisión de dos estrellas de neutrones o, tal vez, de dos enanas blancas. Este tipo de colisión generaría una emisión gamma intensa pero corta, de menos de dos segundos. Dado que esa supuesta ola de radiación del siglo VIII no ocasionó daños en nuestro planeta, los investigadores creen que la colisión se tuvo lugar necesariamente a más de 3.000 años luz.

Visiones celestes


No está claro si la hipótesis de los astrónomos alemanes es la explicación verdadera, pero hasta el momento es, sin duda, la que más parece acercarse a la verdad. Tanto Neuhaeuser como Hambaryan siguen trabajando en estos momentos para descartar que el incremento de la radiación pudiera estar originado por una erupción solar, otra de las hipótesis que se barajó en un primer momento.

Sin embargo, queda sin aclarar el origen del “crucifijo rojo” reflejado en el texto anglosajón del siglo VIII. La crónica no menciona ningún detalle, excepto que el fenómeno se produjo tras la puesta de sol, por lo que encontrar su origen no es fácil. El físico José Miguel Viñas, divulgador científico y responsable de la web www.divulgameteo.es, nos aclara que la génesis de esa visión pudo estar en la combinación de dos fenómenos ópticos atmosféricos que debido a la presencia de determinado tipo de cristales de hielo podrían darse de forma simultánea. “Ambos son fenómenos relativamente comunes de forma independiente. Uno de ellos es el pilar solar y el otro el círculo parhélico”, nos explica Viñas por correo electrónico. El color rojo del crucifijo estaría motivado por el hecho de que se observara durante el crepúsculo. 

El conocido divulgador recuerda la importancia histórica que tuvo un fenómeno de similares características: la famosa visión celeste del emperador Constantino durante la batalla del Puente Milvio. “Según cuentan las crónicas históricas, dicha visión fue un sueño que tuvo dicho emperador, gracias al cual se inició la conversión al Cristianismo en el Imperio Romano”, explica Viñas.

Imagen: Recreación artística de una explosión de rayos gamma. NASA/Swift/Aurore Simonnet




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